LA IMPORTANCIA DEL RÍO PARA LOS PRIMEROS POBLADORES DE LA ZONA DE CÁDIZ

 20 noviembre 2014

Los yacimientos paleolíticos de LA JANDA, RÍO CELEMÍN y BARBATE constituyen un enclave esencial a la hora de investigar la historia de la provincia de Cádiz y a sus primeros pobladores, por concentrarse en sus explanadas, cavidades y abrigos rocosos, vestigios de todas las épocas desde que los preneandertales comenzaran a poblar la zona hace 700.000 años.

Las primeras ocupaciones de homínidos en esta zona -homo sapiens arcaicos preneandertales-, llegaron, en efecto, a las inmediaciones del río Barbate hace entre 700.000 y 500.000 años a través de las redes fluviales. Además de constituir todo un eje de comunicación entre las vertientes mediterránea y atlántica, el río invitó al aprovechamiento de su ecosistema tal como ponen de manifiesto las gravas o los cantos de arenisca empleados para la fabricación de herramientas, o el uso de las cavidades naturales como depósitos de agua dulce.

La creación de estos útiles revela asimismo otros importantes datos relacionados con la fauna del ecosistema, dado que restos óseos de muchos mamíferos, especialmente de origen africano, fueron hallados junto a bifaces o hendedores. Algo común en todas las cuencas del Cuaternario Medio en el sur peninsular.

Tras la formación de un delta en la paleodesembocadura del río Barbate se produce un cambio en la economía de estas poblaciones, que ven diversificado el hábitat y la obtención de recursos relacionados con la recolección, obtención de moluscos y peces varados en la línea de costa. El aspecto del Almodóvar, Celemín y Barbate anterior a la formación de La Janda era totalmente diferente al que presenta en la actualidad, presentando entonces un curso más llano y con zonas escalonadas especialmente destacadas en los tramos medio y bajo.

La fluctuación del paisaje entre las épocas cálidas y frías acabará dando lugar a la extinción de este primer grupo de homínido y su sustitución por el cromañón, comunmente conocido como el ‘hombre moderno’, hace 20.000 años. Aunque su modo de vida basado en la caza y en la recolección es muy similar al de sus antecesores, traen consigo nuevas formas de comunicación que se proyectarán en las pinturas rupestres visibles hoy en cuevas de la periferia del río, entre ellas, Las Palomas, El Moro o El Tajo de las Figuras en su fase inicial. Son pinturas de tipo naturalista a través de las cuales los individuos reflejaban su mundo, constituyendo al mismo tiempo una forma de cohesión social y de identificación con el entorno, un espacio de gran actividad social. Asimismo se especializarán en la fabricación de puntas de flecha con aletas y pedúnculos, así como las denominadas de ‘hoja de laurel’, todas ellas propias de la tecnología solutrense.

Tal creación artística evolucionará con las últimas culturas cazadoras-recolectoras del Holoceno. Concretamente es el área postpaleolítica del Tajo de las Figuras donde puede contemplarse una gran variedad de fauna que incluye aves típicamente marismeñas como garzas o flamencos, así como otras de ambientes esteparios, entre ellas, grullas y sisones.

Alrededor del 4.000 a. C. este modelo evolucionará hacia unos asentamientos sedentarios que encontrarán en las actividades agrícolas y ganaderas sus principales fuentes económicas. El medio natural se diversificará apareciendo nuevas poblaciones periféricas al río con sus correspondientes zonas de culto y necrópolis dolménicas. Gracias a estos enterramientos ha sido posible averiguar las diferentes clases o castas sociales que perdurarán en toda la zona desde el Neolítico y durante la Edad del Bronce. La pertenencia a uno y otro sector vendrá determinada por el control de los excedentes y de los medios de producción, algo que también favorecerá los intercambios a larga distancia.

El bronce Final estará marcado por la colonización fenicia, que, al entrar en contacto con poblaciones autóctonas, dará lugar a lo que se conoce como civilización tartésica. Un modelo orientalizante que se establece en enclaves geográficos similares a su lugar de origen. Amén de todos los conocimientos culturales, artísticos y arquitectónicos que aportan a los locales, destaca la domesticación del curso natural del agua para su mejor aprovechamiento. Un conjunto de avances a todos los niveles de los que Gadir se convertirá en su paradigma, permaneciendo como uno de los focos principales del Mediterráneo durante todo el Imperio Romano.

Calco de las pinturas rupestres del Tajo de las Figuras, con la representación de un paisaje lacustre donde pueden apreciarse figuras humanas, ciervos y aves como la grulla o la garza.

Calco de las pinturas rupestres del Tajo de las Figuras, con la representación de un paisaje lacustre donde pueden apreciarse figuras humanas, ciervos y aves, como la grulla o la garza.

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