Archivo por mes: mayo 2013

La Flora de ERA

 23 mayo 2013

El origen del Laboratorio de Arqueología Experimental se fraguó hace más de 17 años en la mente de nuestra directora Rita Benítez Mota, una idea que, con el paso de los años, ha tomado forma en lo que es hoy día. No sólo se trataba de idear una serie de actividades, inspiradas en la arqueología experimental, para difundir nuestro patrimonio histórico y arqueológico, sino de crear un espacio entre lo natural e histórico que facilitara una inmersión en tiempos pretéritos. Para ello, a lo largo de todos estos años, además de la construcción de cabañas y chozas inspiradas en modelos prehistóricos, se ha ido recreando un espacio natural, en lo que fue un antiguo viñedo, a partir de la plantación de una flora arbórea y arbustiva con carácter, digamos autóctono y mediterráneo, siendo esta faceta muy cuidada y en la que nuestra directora, Rita, ha puesto mucho corazón.

Pinos (Pinus pinea)

Alcornoque (Quercus rotundifolia)

Palmito (Chamaerops humilis)

Este carácter termo-mediterráneo de la flora de ERA es sobre todo patente en nuestras áreas de campamento, donde gracias al tesón de Rita, hoy día podemos disfrutar de una arboleda que hasta hace no muchos años se podría disfrutar  todo el área circundante: acebuches (Olea europaea vr. Silvestrys), alcornoques (Quercus suber), encinas (Quercus rotundifolia), madroños (Arburus unedo), laureles (Laurus nobilis), algarrobos (Ceratonia siliqua, pinos (Pinus pinea) y alamos blancos (Populus alba), y arbustos como el lentisco (Pistacea lentiscus) o el palmito (Chamaerops humilis), única especia de palmera europea. A estas plantas de carácter salvaje, hemos añadido otras por su valor histórico como el olivo (Olea europaea), entre los que destaca uno de edad centenaria, práctico, por su capacidad de conformar espacios sombríos y frescos, caso de la madreselva (Lonicera europaea), o aromáticas y que forman parte de alguno de nuestros talleres, como el romero (Rosmarinus officinalis) o la lavanda (Lavandula sp).

Acebuche (Olea europaea vr. Silvestrys)

Alamo blanco (Populus alba)

Algarrobo europeo (Ceratonia siliqua)

Olivo (Olea europaea)

Madroño (Arbutus unedo)

 

Lentisco (Pistacea lentiscus)

Romero (Rosmarinus officinalis)

Laurel (Laurus nobilis)

Laurel (Laurus nobilis)

Lavanda (Lavandula sp.)

 

El área de oficinas se caracteriza por una flora más doméstica, y hortofrutícola, como la higuera (Ficus carica), el moral (Morus nigra), el granado (Punica granatum), que  tiene un gran valor simbólico a través de la historia, al igual que el laurel y el olivo. Un nogal, almendros y cítricos,  incluso  está presente una araucaria (Araucaria columnaris) originaria de américa, no pudiendose olvidar nuestro huerto. Cerrando el círculo propio de la existencia de ERA nos encontramos con unas parras (Vitis vinifera) que  nos recuerdan que, donde hoy hemos plantado mochilas de escolares, hace no mucho, había un viñedo, en el que no menos tesón e ilusión se volcaron, y es a lo mejor por ese pasado, tan ligado a la tierra y al esfuerzo, por el que este proyecto a echado profundas raíces entre todos los que de una manera o de otra nos acercamos a el.

Campos de cereales en los alrededores

Cañas (Arundo donax)

Araucaria (Araucaria columnaris)

Parra (Vitis vinifera)

Papiro (Cyperus papyrus)

Huerto

Moral (Morus nigra)

Higueras (Ficus carica

Granado en flor (Punica granatum)

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Cocción a cielo Abierto con alumnos de la UCA (!!!918º!!!)

Por fin, el pasado 3 de Mayo, concluimos una de las experimentaciones más gratificantes de todas las que hemos realizado.

Junto con alumnos de 4º curso de la Licenciatura de historia de la UCA, más concretamente alumnos de la profesora Ana Niveau, la asignatura es “Prehistoria reciente europea”.

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Alumnos de la UCA

Tras una sesión anterior en que los alumnos participantes habían realizado el modelado de varias piezas cerámicas con arcilla procedente de un barrero cercano, concretamente en el entorno de la Bahía y, con la novedad de que se trataba de barro sin decantar, y tras 17 días de secado lento y a la sombra, fijamos para este Viernes la fecha de la cocción.

Dado que los presupuestos para este fin estaban bajo mínimos, aprovisionamos durante los días anteriores todo tipo de hojarasca, ramas y restos de poda, además de unos listones de madera reciclada.

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Inicio de la cocción

 

Sobre las 9:30 de la mañana, acudieron los alumnos de prácticas y comenzamos la faena.

Comenzamos haciendo un pequeño rebaje en el terreno con objeto de proteger un poco la hoguera una vez que estuviera en plena combustión. Este rebaje tenía unos 10 cm. De profundidad y unos 60 cm. De diametro.

Aprovechando este rebaje, insertamos en el centro la caña del pirómetro con el que mediaríamos la temperatura en el centro de la hoguera. Por supuesto el cable lo enterramos también y lo protegimos con un retazo de manta refractaria, no era cuestión de que a media cocción se derritiera el cable y nos quedáramos sin medidas de la temperatura. Con objeto de aminorar pérdidas de temperatura para las piezas que estaban en contacto con el suelo, depositamos una torta de unos 4 centímetros de grosor en el rebaje para aislar las piezas de la humedad del suelo. Depositamos las piezas (36 en total) y dispusimos el combustible. En primer lugar y a una distancia de unos 50 cm. Del círculo de piezas, dispusimos un anillo con un poco de papel reciclado para que prendiera fácilmente.

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Sobre el papel, unas hojas secas, ramas pequeñas, juncos secos, etc. Encima unas ramas muy pequeñas procedentes de la poda de unas higueras. Y encendimos la pira por varios puntos. En algunos se apagó rápidamente, en otros puntos mantuvo la llama. A medida que fué prendiendo el anillo en su totalidad, fuimos alimentándolo con unos listones de madera reciclada. Tardamos unos 20 minutos en alcanzar los 100 grados. A partir de este momento, comenzamos con un rastrillo de jardinería (de cabo largo) a acercar el anillo de brasas al círculo central, alimentando constantemente el anillo por las zonas donde veíamos que la intensidad del fuego decrecía. Habían transcurrido 40 minutos desde el inicio de la cocción, la leña de la hoguera se había acercado hasta unos 10 cm. Del círculo central y alcanzamos los 200 ºC. Quince minutos después, hemos alcanzado los 300 grados y la hoguera esta justo al límite del circulo central donde están depositadas las piezas. Solo han transcurrido 55 minutos desde que iniciamos la cocción y para subir la temperatura, tuvimos que poner el contacto el combustible con las piezas. La temperatura se dispara hasta los 650 ºC., en unos 20 minutos, momento en que ya casi todas las piezas están cubiertas con la leña en llamas, terminamos de cubrir las piezas con el combustible y en ese momento, se produce una bajada de la temperatura hasta los 550 grados. Suponemos que es debido a que, al acumular más combustible, hemos cerrado la entrada de aire al centro de la hoguera, por lo que procedemos con el rastrillo a separar un poco el combustible para dar acceso al aire. A partir de aquí, y sin añadir ni una pizca más de leña, la temperatura sube constantemente, en algunos momentos se estabiliza o baja unos grados pero simplemente removiendo el combustible, se alcanzan los 918 grados. Han transcurrido 1 hora y 40 minutos desde el comienzo. Seguimos removiendo un poco las brasas durante 10 minutos, pero al ver que la temperatura no sigue creciendo, optamos por hacer la reducción. Con unos capazos de tierra procedente del rebaje que hicimos al principio, cubrimos toda la hoguera, teniendo la precaución de que no se escape humo por ningún resquicio, de este modo nos garantizamos que no entra aire y nos chafa la reducción. Son las 11 h. 35min., y nos toca esperar.

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Proceso de reducción con tierra

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Uno de los cuencos tras la cocción

Son las 14 horas y la impaciencia nos corroe. Nos tomamos nuestro tiempo para ir separando la tierra de la reducción y los carbones (ya no arden, solo humean) que cubren las piezas. Utilizamos una tenazas largas de ceramista para retirar las piezas. Todas están enteras, solo una de ellas, probablemente debido a la falta de experiencia de la persona que manejaba las tenazas, ha perdido un fragmento. Vamos depositándolas sobre el suelo en los alrededores de la hornera para que sigan enfriándose. La impaciencia de nuevo hace que uno de los participantes pise una pieza aún caliente, se trata de una lucerna que, con el pisotón, pierde el asa.

 

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LA PRUEBA

 

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